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Diálogo del Amargo (Dialogue of Amargo)

topic posted Wed, April 6, 2005 - 3:01 PM by  The Hun
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This is one of my favorite works by Federico Garcia Lorca. I will post in both languages. En español primero.


Diálogo del Amargo

UNA VOZ:
Amargo.
Las adelfas mi patio.
Corazón de almendra amarga.
Amargo.
(Llegan tres jóvenes con anchos sombreros.)

Joven 1: Vamos a llegar tarde.
Joven 2: La noche se nos echa encima.
Joven 1: ¿Y ése?
Joven 2: Viene detrás.
Joven 1: (en alta voz) ¡Amargo!
Amargo (lejos): Ya voy.
Joven 2 (a voces): ¡Amargo!
Amargo (con calma): Ya voy.

(Pausa)

Joven 1: ¡Qué hermosos olivares!
Joven 2: Sí.

(Largo silencio.)

Joven 1: No me gusta andar de noche.
Joven 2: Ni a mí tampoco.
Joven 1: La noche se hizo para dormir.
Joven 2: Es verdad.

(Ranas y grillos hacen la glorieta del estío andaluz. El Amargo camina con las manos en la cintura.)

Amargo: Ay yayayay.
Yo le pregunté a la muerte.
Ay yayayay.

(El grito de su canto pone un acento circunflejo sobre el corazón de los que le han oído.)

Joven 1 (Desde muy lejos): ¡Amargo!
Joven 2 (Casi perdido): ¡Amargooo!

(Silencio.)

(El Amargo está solo en medio de la carretera. Entorna sus grandes ojos verdes y se ciñe la chaqueta de pana alrededor del talle. Altas montañas le rodean. Su gran reloj de plata le suena oscuramente en el bolsillo a cada paso.)

(Un Jinete viene galopando por la carretera.)

Jinete (Parando el caballo): ¡Buenas noches!
Amargo: A la paz de Dios.
Jinete: ¿Va usted a Granada?
Amargo: A Granada voy.
Jinete: Pues vamos juntos.
Amargo: Eso parece.
Jinete: ¿Por qué no monta en la grupa?
Amargo: Porque no me duelen los pies.
Jinete: Yo vengo de Málaga.
Amargo: Bueno.
Jinete: Allí están mis hermanos.
Amargo (Displicente): ¿Cuántos?
Jinete: Son tres. Venden cuchillos. Ese es el negocio.
Amargo: De salud les sirva.
Jinete: De plata y de oro.
Amargo: Un cuchillo no tiene que ser más que cuchillo.
Jinete: Se equivoca.
Amargo: Gracias.
Jinete: Los cuchillos de oro se van solos al corazón. Los de plata cortan el cuello como una brizna de hierba.
Amargo: ¿No sirven para partir el pan?
Jinete: Los hombres parten el pan con las manos.
Amargo: ¡Es verdad!

(El caballo se inquieta.)

Jinete: ¡Caballo!
Amargo: Es la noche.

(El camino ondulante salomoniza la sombra del animal)

Jinete: ¿Quieres un cuchillo?
Amargo: No
Jinete: Mira que te lo regalo.
Amargo: Pero yo no lo acepto.
Jinete: No tendrás otra ocasión.
Amargo: ¿Quién sabe?
Jinete: Los otros cuchillos no sirven. Los otros cuchillos son blandos y se asustan de la sangre. Los que nosotros vendemos son fríos. ¿Entiendes? Entran buscando el sitio de más calor, y allí se paran.

(El Amargo se calla. Su mano derecha se le enfría como si agarrase un pedazo de oro.)

Jinete: ¡Qué hermoso cuchillo!
Amargo: ¿Vale mucho?
Jinete: Pero ¿no quieres éste?

(Saca un cuchillo de oro. La punta brilla como una llama de candil.)

Amargo: He dicho que no.
Jinete: ¡Muchacho, súbete conmigo!
Amargo: Todavía no estoy cansado.

(El caballo se vuelve a espantar.)

Jinete (Tirando de las bridas): Pero ¡qué caballo este!
Amargo: Es lo oscuro.

(Pausa.)

Jinete: Como te iba diciendo, en Málaga están mis tres hermanos. ¡Qué manera de vender cuchillos! En la catedral compraron dos mil para adornar todos los altares y poner una corona a la torre. Muchos barcos escribieron en ellos sus nombres; los pescadores más humildes de la orilla del mar se alumbran de noche con el brillo que despiden sus hojas afiladas.
Amargo: ¡Es una hermosura!
Jinete: ¿Quién lo puede negar?

(La noche se espesa como un vino de cien años. La serpiente gorda del Sur abre sus ojos en la madrugada, y hay en los durmientes un deseo infinito de arrojarse por el balcón a la magia perversa del perfume y la lejanía.)

Amargo: Me parece que hemos perdido el camino.
Jinete (Parando el caballo): ¿Sí?
Amargo: Con la conversación.
Jinete: ¿No son aquellas las luces de Granada?
Amargo: No sé.
Jinete: El mundo es muy grande.
Amargo: Como que está deshabitado.
Jinete: Tú lo estás diciendo.
Amargo: ¡Me da una desesperanza! ¡Ay yayayay!
Jinete: Porque llegas allí. ¿Qué haces?
Amargo: ¿Qué hago?
Jinete: Y si te estás en tu sitio, ¿para qué quieres estar?
Amargo: ¿Para qué?
Jinete: Yo monto este caballo y vendo cuchillos, pero si no lo hiciera, ¿qué pasaría?
Amargo: ¿Qué pasaría?

(Pausa.)

Jinete: Estamos llegando a Granada.
Amargo: ¿Es posible?
Jinete: Mira cómo relumbran los miradores.
Amargo: Si, ciertamente.
Jinete: Ahora no te negarás a montar conmigo.
Amargo: Espera un poco.
Jinete: ¡Vamos, sube! Sube de prisa. Es necesario llegar antes de que amanezca... Y toma este cuchillo. ¡Te lo regalo!
Amargo: ¡Ay yayayay!

(El jinete ayuda al Amargo. Los emprenden el camino de Granada. La sierra del fondo se cubre de cicutas y de ortigas)



In English:

Dialogue of Amargo

Countryside
A voice:
Amargo.
The oleanders of my courtyard.
Heart bitter as almond.
Amargo.
(Three youths in wide-brimmed hats arrive.)

First youth: We're going to be late.
Second youth: It's almost night.
First youth: What about him?
Second youth: He's coming.
First youth (loudly): Amargo!
Amargo (from far away): I'm coming!
Second youth (loudly): Amargo!
Amargo (calmly): I am coming.

(Pause)

First youth: What beautiful olive groves.
Second youth: Yes.

(Long silence)

First youth: I don't like to travel at night.
Second youth: Neither do I.
First youth: The night was made for sleeping.
Second youth: True.

(Frogs and crickets raise the bower of the Andalusian summer. Amargo walks with his hands on his hips.)

Amargo: Ay, ay, ay
I asked death a question
Ay, ay, ay!
(His piercing song puts a circumflex accent on the heart of his listeners.)

First youth (from far away): Amargo!
Second youth (nearly lost): Amargo!!

(Silence)

(Amargo is alone in the middle of the road. Narrowing his green eyes, he fastens his corduroy jacket around his waist. He is surrounded by high mountains. His big silver watch ticks darkly in his pocket at every step.)

(A rider comes galloping down the road.)

Rider (reining in his horse): Buenas noches!
Amargo: Peace be to God.
Rider: You going to Granada?
Amargo: Yes, Granada.
Rider: Then we'll go together.
Amargo: Looks like it.
Rider: Why don't you climb up on back?
Amargo: I would, if my feet hurt.
Rider: I've been to Málaga.
Amargo: Good.
Rider: My brothers are there.
Amargo (peevish): How many of them?
Rider: Three. They sell knives. It's their business.
Amargo: May it bring them health.
Rider: Silver and gold ones.
Amargo: A knife is a knife. Needn't be more than that.
Rider: You are mistaken.
Amargo: Whatever you say.
Rider: Knives of gold find the heart all by themselves. Silver ones cut the throat like a blade of grass.
Amargo: Aren't they used for slicing bread?
Rider: Men break bread with their hands.
Amargo: Yes, that is true!

(The horse grows restless.)

Rider: Whoa!
Amargo: Must be the night.

(The horse's shadow winds over the rolling road.)

Rider: Do you want a knife?
Amargo: No.
Rider: But look, I'm giving it to you.
Amargo: But I won't accept it.
Rider: You won't have another chance.
Amargo: Who knows?
Rider: Other knives are useless. Other knives are soft and scared of blood. The ones we sell are cold. Understand? They go in looking for the hottest spot, and there they stop.

(Amargo says nothing. His right hand grows as cold as if it were holding a piece of gold.)

Rider: What a beautiful knife!
Amargo: Is it worth very much?
Rider: But perhaps you'd rather have this one.

(He takes out a gold knife whose point shines like the flame of a candle.)

Amargo: I said no.
Rider: Boy, climb up here with me!
Amargo: I'm not tired yet.

(The horse spooks again.)

Rider (pulling on the reins): What a horse.
Amargo: It's the darkness.

(Pause)

Rider: As I was telling you, my three brothers are in Málaga. How they sell knives! At the cathedral they bought two thousand of them to adorn all the altars and put a crown on the tower. Many a ship wrote its name on them. Down by the sea, the poorest fishermen get light from the luster of their sharp blades.
Amargo: How beautiful it is!
Rider: Who could deny it?

(The night thickens like a hundred-year-old wine. The fat serpent of the South opens its eyes in the dawn, and sleepers feel the infinite urge to throw themselves out the window into the perverse magic of perfume and distance.)

Amargo: I think we've lost the road.
Rider (stopping his horse): Yes?
Amargo: While we were talking.
Rider: Aren't those the lights of Granada?
Amargo: I don't know. The world is very big.
Rider: And very lonely.
Amargo: As if no one lived there.
Rider: You're right.
Amargo: It makes me despair. Ay yayayay!
Rider: The thing is, if you get there, what do you do?
Amargo: What do I do?
Rider: And if you just stay still, what good is that?
Amargo: What good?
Rider: I ride this horse and sell knives, but if I didn't, what would happen?
Amargo: What would happen?

(Pause)

Rider: We're coming to Grenada.
Amargo: Is it possible?
Rider: Look how the balconies are shining.
Amargo: I find it a little changed.
Rider: It's just that you're tired.
Amargo: Yes, of course.
Rider: Now you will not refuse to ride with me.
Amargo: Wait a bit.
Rider: Up with you! Quick! Come on up! We have to get there before the break of day. And take this knife. I'm giving it to you!
Amargo: Ay yayayay!

(The Rider helps Amargo up, and the two of them take the road into Granada. In the background the mountains bristle with hemlocks and nettles.)



Translated by Christopher Maurer.

I hope you enjoy.
posted by:
The Hun
St. Louis
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